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Así es como dos adultos con vida formada recibieron el Bautismo en la Vigilia Pascual


Aideé Citlali Manzano Mediana y Myles Patricio Mckeown Meza bautizándose. / Crédito: EWTN Noticias

Aideé tenía 42 años, dos hijas y un tumor recién extirpado cuando decidió que ya no podía más sola. Había sido Testigo de Jehová de niña, pero hacía años que no pertenecía a ninguna iglesia.  

Myles tocaba violín en la Filarmónica de la UNAM y llevaba décadas saltando de una búsqueda espiritual a otra —desde los mormones hasta el esoterismo— sin encontrar respuesta. El 4 de abril, en la misma noche y en la misma parroquia del sur de Ciudad de México, ambos recibieron el Bautismo católico. 

Fue en la Rectoría de San Buenaventura, al sur de la capital, durante la Vigilia Pascual del Sábado Santo. Esa noche, junto a otras 18 personas, Aideé Citlali Manzano Mediana y Myles Patricio Mckeown Meza recibieron también la Confirmación y la Eucaristía, y contrajeron matrimonio por la Iglesia. Sus historias son distintas, pero comparten un mismo hilo: años de búsqueda, un momento de quiebre y, al final, una decisión que no tomaron solos. 

Redescubrir a Dios 

Aideé, psicóloga de 42 años, es madre de dos hijas junto a su esposo Francisco. En entrevista con ACI Prensa, relató que durante mucho tiempo pensó que sólo con “creer en Dios era suficiente para salir adelante”. Sin embargo, algo cambió en los últimos años. 

“A pesar de que yo había tenido acercamiento con la Iglesia Católica, yo decía: ‘sí me gusta, pero pues yo no necesito pertenecer a ninguna iglesia, ni a ninguna religión, porque yo tengo a Dios en mi corazón y eso es suficiente’”, contó en entrevista. 

Reconoce que un momento decisivo de aprender más de Dios llegó cuando le detectaron un tumor en 2024. Aunque enfrentó la operación para extirparlo con valentía, el proceso posterior fue distinto. “A los dos meses empecé a sentir como que me iba para abajo, depresión, empezaron a cambiar muchas cosas”, recordó. 

Cuenta que se decía a sí misma: “yo puedo sola”. Sin embargo, llegó a un límite y en 2025 reconoció que no podía más y que necesitaba “tener la guía de Dios… el respaldo de una iglesia como la Iglesia Católica, de una religión”. 

Antes ya había sido Testigo de Jehová. “Participé activamente hasta la edad de 15 años. Aunque yo creía en Dios no sentía que pertenecía con esa ideología”, dijo. Con el paso del tiempo, se alejó por completo de la práctica religiosa y, como ella misma relata, “varios años me alejé de Dios”. 

Tras concluir sus estudios en psicología, comenzó a hacer voluntariado en el Hospital General Dr. Rubén Leñero, en el área de urgencias y traumatología. Fue en ese entorno donde, gracias al testimonio de un sacerdote y dos psicólogas católicas, comenzó a tener nuevas preguntas de fe.  Sin embargo, reconoce que en ese momento “no tenía oídos para oír”. 

Después de admitir que necesitaba a Dios y a la Iglesia Católica, se acercó con la convicción de permanecer en ella. En la comunidad de San Buenaventura encontró el acompañamiento espiritual que buscaba. 

Con el apoyo de su pareja Francisco, se preparó para recibir los sacramentos. En la pasada Vigilia Pascual recibió el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, y contrajo matrimonio por la Iglesia. 

Hoy vive esta nueva etapa con entusiasmo. En su hogar colocó una repisa donde conserva su Cirio Pascual y espera añadir imágenes y otros signos religiosos para que ese espacio “sea un lugar para Dios”.  

También reconoce que aún desea seguir aprendiendo, ya que “hay otras oraciones que yo los escucho decir y no me las sé”. “Nuestros padrinos de boda nos hicieron el favor de regalarnos unos rosarios y nos dijeron: ‘los rezan juntos’, y yo dije: ‘sí, pero no sé rezar el rosario’”. 

Aunque siempre creyó en Dios, hoy lo contempla de otra manera: como “un Padre muy amoroso”, que sabe “cuántos cabellos tenemos, qué hay en nuestros sentimientos, qué hay en nuestro corazón”. 

Una búsqueda que encontró su rumbo 

Myles Patricio es violinista y forma parte de la Orquesta Filarmónica de la UNAM y de la Orquesta de Cámara de Bellas Artes. Vive en la Ciudad de México junto a Cynthia, su esposa, y su hija de seis años. 

La historia de Myles está marcada por una constante búsqueda espiritual. En entrevista con ACI Prensa contó que, a los 13 años, él y su madre se acercaron a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, conocidos como los mormones. “Llegamos a ir un poco, me bauticé ahí”, recordó. No obstante, nunca se involucró plenamente. 

“Después estuve buscando camino por algunas otras lecturas. Leí otros libros de agnosticismo, de algún tipo de esoterismo y si bien me parecía interesante, también sentía como que eran más como una novela que como algo realmente como sustancioso, espiritualmente hablando”, señaló. 

Hacia fines de 2025, distintos testimonios comenzaron a iluminar su búsqueda. Para entonces sintió que Dios le estaba poniendo en “un camino que tanto había querido”.  

Uno de esos testimonios fue el de su tío Mike, un católico irlandés con quien siempre ha tenido una relación cercana. Él le compartía “cómo lleva su familia, su matrimonio, su fe” y cómo integra todo ello en la vida diaria. Myles buscaba precisamente fortalecer su propia vida familiar. 

También influyeron dos sacerdotes cercanos. El primero fue el P. Marco Polo Mercado Olmedo, su mejor amigo de la infancia y hoy sacerdote formador en el Seminario Mayor de la Arquidiócesis de Xalapa, Veracruz. 

El segundo fue el P. José Guillermo Gutiérrez Fernández, responsable de la Rectoría de San Buenaventura —donde más tarde sería bautizado—. El sacerdote se mudó cerca de su hogar, y de esa cercanía nació una amistad que poco a poco se transformó en acompañamiento espiritual. 

Así, junto a su esposa Cynthia y su hija, emprendió un camino de fe que culminó con la recepción del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, además de casarse por la Iglesia Católica. Su hija también fue bautizada ese mismo día. 

Desde entonces, asegura que se siente “distinto”. Se muestra emocionado por seguir aprendiendo en su fe y se interesa por figuras como San Patricio. También recurre a herramientas como Hallow, aplicación católica de oración y meditación guiada. 

Hoy, esa transformación se refleja también en su vida cotidiana. Procura hacer oración con su hija al final del día y, en medio de la rutina, detenerse para “recordar qué es lo que importa y por qué estamos aquí. Agradecerle a Dios porque estamos sanos, estamos juntos”. 

Hay que dejar actuar a Dios  

El P. Guillermo, quien acompañó a nuestros dos protagonistas en su proceso, asegura que ha visto cambios evidentes en ambos. Entre ellos destacó “una mayor conciencia de la filiación divina en ambos”. 

También observa “una conciencia que Dios hace nuevas todas las cosas y por lo tanto una renovada esperanza”, así como la experiencia de saberse que dentro de la Iglesia Católica siempre se sentirán “acogidos, amados e impulsados para caminar renovando mi vida y mi vida concreta de cada día”. 

Un signo que el sacerdote subraya en ambas conversiones es que los dos vivieron un verdadero “encuentro personal con el Señor” a partir del “testimonio callado, silencioso, entregado, alegre” de las personas que influyeron en sus vidas. 

Por ello, hizo una invitación a los demás católicos a ser testimonio y dejarse “guiar por el Señor y compartir esta vida, esta alegría que nos inunda a nosotros, esta esperanza que tenemos”. 

Fuente: www.aciprensa.com

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