Desde hace décadas la República del Congo y la República Democrática del Congo (RDC) viven una situación peculiar: a pesar de que tienen las capitales más próximas a nivel geográfico de todo el planeta (con excepción del Vaticano y algunos casos especiales, como Nicosia), ambas metrópolis viven de espaldas la una de la otra. Al menos en lo que a comunicaciones se refiere. Hoy por hoy para viajar de Kinshasa (RCD) a Brazzaville (Congo) hace falta subirse a un ferry para cruzar el río que separa ambos países o incluso a un avión que cubre el trayecto en lo que a ti te lleva tomarte un café y ojear los titulares del periódico.
Ahora eso está a punto de cambiar.
Capitales a tiro de piedra. La historia de la República del Congo y la República Democrática del Congo (la antigua Zaire) ha sido de todo menos tranquila. Eso a la larga ha contribuido a que ambas naciones compartan una condición particular, más allá de las similitudes entre sus nombres: sus capitales están a tiro de piedra. Entre Brazzaville (RC) y Kinshasa (RDC) hay un puñado de cientos de metros y un río, el Congo. Dependiendo de la referencia que tomemos, entre ambas metrópolis hay entre uno y tres kilómetros en línea recta.
Si exceptuamos la aún más peculiar relación que mantienen el Vaticano y Roma (y algunas curiosidades históricas), Brazzaville y Kinshasa suelen considerarse las capitales más próximas. Sin embargo, a pesar de esa proximidad, quienes quieren viajar de una ciudad a otra ahora mismo no lo tienen fácil: deben coger un ferry que cubre el trayecto en media hora o incluso (si tienen mucha prisa… y más dinero), sobrevolar el exiguo espacio aéreo que separa ambas capitales.

¿Y si construimos un puente? La situación es lo suficiente anómala como para que las autoridades se hayan planteado en varias ocasiones construir un puente entra ambas orillas. La idea puede remontarse como mínimo a los años 90 y se ha rescatado en varias ocasiones desde entonces. Sin mucho éxito. Bien por cuestiones políticas, presupuestarias o sencillamente por el temor a que la infraestructura merme el tráfico comercial de algunos puertos influyentes de la RDC, el viaducto de Kinshasa-Brazzaville no ha logrado pasar del papel.
Saliendo del cajón. Eso podría cambiar en breve. En febrero los ministros de finanzas de la RDC y la RC llegaron a un acuerdo bilateral para establecer un régimen fiscal especial que despeje el futuro de la construcción del viaducto.
Tal vez parezca una cuestión menor, pero se espera que la infraestructura esté sujeta a un peaje y, más allá del tráfico de particulares y turistas, mueva cada año camiones cargados con miles y miles de toneladas de mercancía. «Contamos con un marco armonizado de impuestos y aduanas. También disponemos de un pacto bilateral, lo que nos permitirá relanzar la convocatoria de licitación», celebraba tras las reuniones técnicas Caddy Ndala, de la delegación de Brazzaville.
Un acuerdo… y algo más. Si el puente parece ver (al fin) la luz al final del túnel no es solo por el acuerdo fiscal entre ambos países. El proyecto ha captado también la atención de Africa50, una plataforma de inversiones fundada por el Banco Africano de Desarrollo (BAD) y estados africanos. La entidad se presenta de hecho como la «principal promotora» seleccionada por la RDC y RC para impulsar la asociación público-privada que dará forma a la infraestructura.
Global Hihways precisa que parte de la inversión para dar forma al viaducto saldrán además del BAD, que ya ha financiado los estudios de viabilidad.
¿Y cómo será el viaducto? La infraestructura principal consistirá en un puente de poco más de 1,5 km que pasará sobre el río Congo y permitirá el paso de vehículos y ferrocarriles. También dispondrá de aceras y puestos de control fronterizos. La idea es que el viaducto se conecte demás con los viales que ya existen en ambos países, facilitando la comunicación entre las capitales.
«La idea se remonta a mediados del XIX», reconocía hace años el presidente del BAD, Akinwumi Adesina. Para despejar su vialidad los técnicos han seleccionado el punto más estrecho de la frontera. En un intento por acabar con los recelos que la infraestructura despierta en varios puertos comerciales de la región, se ha acordado también realizar obras complementarias de mejoras en ellos.
A la caza de mercancías. El puente no saldrá precisamente barato. En 2017 el BAD estimaba que el proyecto exigiría unos 550 millones de dólares, un cálculo que desde entonces se ha elevado hasta superar los 700 millones. A cambio la estructura promete cambiar por completo la relación entre ambas capitales.
En 2020 el Africa Investment Forum señalaba que las previsiones pasan tanto por disparar el flujo de personas como de mercancías: las primeras (personas) pasarían de las 750.000 anuales de ahora a más de tres millones; en cuanto a las segundas (mercancías) se subiría de 340.000 t a dos millones de toneladas.
Imágenes | Google Earth y Africa50
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La noticia
El río Congo lleva décadas siendo una barrera insalvable para las dos capitales más próximas del mundo. Hasta ahora
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Carlos Prego
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Fuente: www.xataka.com







