InicioReligión“Vestir al Señor”: mujeres argentinas hacen casullas para parroquias pobres desde hace...

“Vestir al Señor”: mujeres argentinas hacen casullas para parroquias pobres desde hace más de un siglo


Taller de confección de ornamentos religiosos / Crédito: Cortesía

“Las mujeres son protagonistas de una Iglesia en salida”, afirmaba el Papa Francisco al destacar su capacidad de escucha y preocupación por las necesidades de los demás. Reflejo de ello es el taller que cada semana convoca a una veintena de mujeres en Buenos Aires con una silenciosa, humilde, pero poderosa misión: confeccionar casullas y ornamentos litúrgicos para sacerdotes de parroquias carenciadas.  

La cita de los miércoles comienza a las 10:00 horas con la celebración de la Eucaristía en la iglesia de las Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón y, luego, el grupo de señoras se escabulle por la puerta del costado del templo para pasar al taller.  

Allí transcurre la mañana de trabajo entre agujas, hilos, tijeras y muchos metros de tela, y con un propósito firme: “Vestir al Señor” en los sacerdotes de las parroquias más pobres del país, muchas de ellas en zonas rurales, en aquellos lugares que el Papa Francisco solía llamar “las periferias geográficas y existenciales”.  

Casullas, albas, estolas, cíngulos, corporales, manteles. Todos los ornamentos litúrgicos se confeccionan desde hace décadas en esas cuatro paredes. La obra fue fundada el 12 de abril de 1917, y desde entonces se lleva a cabo, con distintas voluntarias y bajo diferentes nombres, pero de manera ininterrumpida.  

Los comienzos del taller. Crédito: Cortesía
Los comienzos del taller. Crédito: Cortesía

Vestir al Señor en el altar 

Una de las voluntarias más antiguas es Susana Lizarraga, que comenzó a ser parte del taller hace 40 años, y coordina la confección de ornamentos. “Para mí es vestir al Señor. Lo estamos vistiendo en el altar. Y cada casulla que se termina —yo hago albas, más que nada— y pienso ¿quién se la pondrá? Que sea bueno, que sea fiel, que sea perseverante”, revela Susana sobre su tarea que combina acción y oración.   

Cada vez que se reúnen a trabajar, rezan “sobre todo por la paz en el mundo, por nuestra Iglesia, por el Santo Padre, por todas nosotras, que todas necesitamos oración. Siempre un ratito de oración se hace”, detalla.  

“Nosotras ayudábamos mucho a las capillas del interior, de zonas rurales, que no tienen nada ni quien las ayude, pero después de la pandemia, se desmembró un poco. Hoy muchas capillas del Gran Buenos Aires necesitan, y vamos colaborando en la medida que podemos”, reconoce la mujer, que tiene un hijo sacerdote a quien ella misma le cose las albas.  

Ornamentos religiosos. Crédito: Julieta Villar/ACI Prensa
Ornamentos religiosos. Crédito: Julieta Villar/ACI Prensa

“Como católica cumplo una pequeñísima función, porque en realidad esto no es nada. Pero es una contribución a tantas capillas que no pueden alcanzar esto”, reflexiona, y destaca el agradecimiento de los sacerdotes que tanto las reconforta y “justifica el sacrificio que a veces representa para nosotras”.  

Al preguntarle qué necesita hoy el taller, la respuesta es sencilla: “Que recen por nosotras”, ya que “el Señor siempre nos ha puesto los recursos, nunca hemos visto faltas”. “Yo ya tengo mis años y quiero que alguien quede acá”, anhela Susana.  

Una gran obra escondida 

Ángeles Wernicke es viuda y está jubilada. Se acercó al taller hace dos años con la intención de colaborar, porque “tenía tiempo de sobra”.    

“Quería hacer algo útil para otras personas”, afirma, contenta de poder ayudar a parroquias pobres de todo el país. “Esta es una obra muy escondida, muy calladita y humilde, pero es una gran obra. Mirá las cosas que hacen”, dice orgullosa de sus compañeras. “Son apóstoles, son una maravilla”, añade, destacando que todo lo que hacen lo dan gratis.  

Inés Benguria es una de las expertas en casullas. Hace 15 años, con sus hijos casados y ya sin trabajo, se preguntó qué hacer y decidió sumarse al taller. Lo más lindo para ella es que los sacerdotes puedan usar las casullas. “En la Misa de hoy, no sé si viste al sacerdote, la casulla que tenía puesta la hice yo”, dice con orgullo.  

El taller se sustenta económicamente con una colecta mensual de la Misa, con donaciones de los fieles. También hay gente que dona telas o sábanas para los corporales, que después ellas cosen y bordan a mano.   

Casullas. Crédito: Julieta Villar/ACI Prensa
Casullas. Crédito: Julieta Villar/ACI Prensa

Inés tiene 86 años, es madre y abuela. Uno de sus nietos vive en España, donde cursa su formación al sacerdocio. “Yo por si acaso, como ya tengo mis años, tengo las casullas ya preparadas para él. Le hice las cuatro casullas y la blanca que es de la congregación, y algunas cosas más también. Ojalá lo pueda ver el sacerdote”, anhela la abuela.  

En el taller no sólo se confeccionan casullas. En otra mesa, varias mujeres hacen rosarios y tejen ropa de bebé para preparar ajuares, que luego son entregados a distintos CAM (Centros de Ayuda a la Mujer), a CONIN (Cooperadora para la Nutrición Infantil), y a la Maternidad Sardá. De este modo, las mamás de bajos recursos pueden tener las prendas para abrigar a sus hijos.  

Quien coordina esa tarea es Carmen, quien a sus 89 años agradece poder “hacer un servicio a la Iglesia con cabeza y piernas. Yo pienso que, por algo, a la edad que yo tengo, el Señor me ha conservado”, asegura.  

En la esquina de la mesa se distingue una de las “tejedoras”: es la Hermana María Oliva Condemontes, que llegó de España a sus 24 años, y hoy tiene 96. “En este momento, como no puedo hacer cosas de limpieza ni cosas pesadas, hago tejidos, que son para niños, que después no es que se vendan, sino se los regalan a quien necesita”, explica.  

Hermana María Oliva. Crédito: Julieta Villar/ACI Prensa
Hermana María Oliva. Crédito: Julieta Villar/ACI Prensa

“Para ayudar y no estar así cruzada de brazos, tejo sentada en mi cuarto, pues esto no me cansa. Y los tejidos son de distintos colores y esto me encanta, porque lo pueden aprovechar nenitos que a lo mejor sus mamás no podrían comprárselos, y los tienen abrigaditos y preciosos”, destaca.  

Otra de las colaboradoras es María de los Ángeles, quien asistió durante muchos años al taller de rosarios. Algunos se envían con los ajuares de los bebés, otros a las misiones que las hermanas tienen en distintas provincias, y otros se donan para las Primeras Comuniones en barrios pobres. Hoy, por un problema de salud, ya no puede hacerlos, pero va, acompaña, colabora en lo que puede y valora especialmente el ambiente “muy familiar” que allí se respira y que le hace “muy bien”.  

Jesús, pan para todos 

La Hermana Inés Greslebin coordina el taller y muestra su preocupación por la continuidad del espacio, ya que muchas de las colaboradoras son grandes y se necesita sucesión, en especial para confeccionar los ornamentos religiosos, porque se requiere aprender mucho y ser muy prolijos.  

El taller, señala la religiosa, está abierto a recibir pedidos de las iglesias más pobres de Argentina. Sin embargo, los destinos a los que ya han viajado los ornamentos incluyen países lejanos como Nigeria, Timor Oriental, Filipinas, República Democrática del Congo y Camerún.  

La hermana destaca que la casa es un Centro Eucarístico, y explica: “Nosotras por eucaristía entendemos que es Jesús, pan, que es para todos. Y es pan, es adoración y servicio”.   

El taller en acción. Crédito: Julieta Villar/ACI Prensa
El taller en acción. Crédito: Julieta Villar/ACI Prensa

Por eso, además de la exposición diaria del Santísimo Sacramento durante varias horas, y de la celebración de la Eucaristía, se ofrecen distintos servicios: además del taller, las hermanas dan de comer diariamente a 120 personas, tienen un centro barrial donde se ayuda a las personas a terminar el primario, el secundario y hay talleres de recuperación, de contención y de promoción humana para las personas de la calle.  

Allí funciona también un centro de espiritualidad con talleres de Biblia, retiros, grupos de jóvenes y de adoradores; y la iglesia cuenta con más de 20 ministros de la Eucaristía que dan la Comunión del barrio.  

Quienes deseen sumarse al taller, deben acercarse los miércoles después de la Misa de 10:00 horas al centro de las Esclavas del Sagrado Corazón (Montevideo 1372, Ciudad de Buenos Aires). Para realizar las casullas, tienen que saber coser y, en lo posible, tener máquina de coser en sus casas.  

Las parroquias que deseen realizar pedidos de ornamentos pueden hacerlo por WhatsApp al +54 9 11 3913 9509 o por mail a ce**************************@***il.com.

Fuente: www.aciprensa.com

RELATED ARTICLES
- Advertisment -
Google search engine
Google search engine
Google search engine

Most Popular