
Fiesta del bicentenario de Fray Mamerto Esquiú / Crédito: Prensa Obispado de Catamarca
La Iglesia en Argentina celebra este 11 de mayo el bicentenario del nacimiento del Beato Fray Mamerto Esquiú, el religioso franciscano recordado por su amor a los pobres, su celo apostólico y su protagonismo en la construcción de la nación argentina en los albores de su vida republicana.
En ese contexto, y con el lema “Apóstol y ciudadano, servidor de la unidad”, la Diócesis de Catamarca —tierra natal del beato— viene celebrando esta fecha con Misas, procesiones y festejos. Además, elPapa León XIV se hizo presente mediante una carta, mientras que la Conferencia Episcopal Argentina envió un saludo al obispo local y a la comunidad.
La Misa central de este lunes tuvo lugar en Piedra Blanca, pueblo donde nació Esquiú, y fue presidida por el Cardenal Ángel Sixto Rossi, Arzobispo de Córdoba, quien en su homilía destacó las virtudes del Beato y exhortó a imitar su modelo de “Iglesia en salida”, a no permanecer en la comodidad y salir al encuentro de los demás, especialmente a quienes más sufren.
“Él nos invita a ser ciudadanos responsables y cristianos coherentes, hacedores de unidad y esperanza”, afirmó, animando a pedir al Señor que, por intercesión del Beato Mamerto, “nos dé un corazón como el suyo: sensible ante el dolor del hermano, valiente para defender la verdad, y humilde para reconocer que todo lo bueno que hay en nosotros, proviene de Dios”.
León XIV: «Que su testimonio de entrega y santidad continúe brillando entre ustedes»
A través de una carta, el Papa León XIV se unió “con alegría al Año Jubilar que celebran con ocasión del Bicentenario del nacimiento del Beato Mamerto Esquiú; religioso franciscano, misionero y obispo durante el pontificado de mi predecesor León XIII, que dejó una huella luminosa y fecunda en la Iglesia y en la sociedad de su tiempo”.
“Fray Mamerto de la Ascensión Esquiú supo glorificar a Dios con sus buenas obras y, aun en medio de tinieblas y dificultades que amenazaban con apagar su brillo, nunca escondió la luz que gratuitamente había recibido”, señaló.
En esa línea, pidió “que su testimonio de entrega y santidad continúe brillando entre ustedes y los impulse a ser, como él, lámparas vivas en el hoy de la historia, sin que nada pueda oscurecer la fe, la esperanza y la caridad que habita en nuestros corazones por obra del Espíritu Santo”.
“El Beato Esquiú nos enseña a vivir la comunión y la misión evangelizadora de manera concreta, con gestos y obras de bien. Su celo apostólico lo llevó a construir puentes de diálogo y colaboración no sólo a nivel eclesial, sino también social, político y cultural”, destacó el Santo Padre.
Asimismo, subrayó su “destacada presencia en el ámbito educativo y periodístico” y su compromiso con el país, recordando que “participó activamente en momentos claves de la historia argentina, trabajando siempre en favor de la unidad y del bien común”.
“Su ejemplo también nos invita a ir más allá de las fronteras. Nuestro beato partía de la contemplación de los misterios del Señor, para luego ofrecerse con caridad y humildad a los demás”, remarcó.
El Santo Padre también aseguró que, como religioso misionero, el beato “no escatimó en generosidad y sacrificios a fin de que el Evangelio llegara hasta los confines de la tierra, siendo consuelo y cercanía de Dios para los más alejados y necesitados en Bolivia, Perú y Ecuador”.
“Asimismo, tuvo la oportunidad de peregrinar a Roma y Tierra Santa. Sus escritos llegan hoy hasta nosotros como un valioso legado que revela las profundas experiencias de su corazón ardiente e inquieto”, señaló el pontífice.
“Me gustaría mencionar, por último, el anhelo de Fray Esquiú por la paz, que animó su incansable labor para instaurarla. A este respecto, decía el Papa Francisco: ‘A esos que se ocupan de sembrar paz en todas partes, Jesús les hace una promesa hermosa: ‘Ellos serán llamados hijos de Dios’’”, recordó citando la exhortación Gaudete et exsultate.
“Queridos hermanos y hermanas, que la llamada a trabajar por la paz, a la que el beato catamarqueño supo responder en su tiempo y con determinación y valentía, también resuene hoy con fuerza en ustedes y se traduzca en gestos concretos de amor y reconciliación”, animó León XIV, encomendando este tiempo de gracia a la intercesión de Nuestra Señora del Valle, y enviando su bendición.
Un ejemplo fecundo para nuestro pueblo
La Conferencia Episcopal Argentina también envió una carta a la comunidad de Catamarca en la persona de su Obispo, Mons. Luis Urbanc, en la que “con profunda alegría y en espíritu de comunión” se unió a los festejos por el bicentenario de Esquiú, “hijo ilustre de esa tierra y testigo luminoso del Evangelio para nuestra Patria”.
Los obispos destacaron que la memoria del Beato sigue viva en su tierra natal y valoraron “su vida austera, su sólida formación cultural y su servicio generoso a la Iglesia y a la sociedad” que siguen siendo “un ejemplo fecundo para nuestro pueblo”.
El Beato Esquiú nos enseña que la fe auténtica nos impulsa a servir con responsabilidad, honestidad y espíritu fraterno”, destacaron, pidiendo que el Señor bendiga abundantemente a Catamarca y que estas celebraciones “renueven el deseo de construir una patria más unida y fraterna, donde nadie quede excluido y donde los más pobres y postergados ocupen siempre un lugar central en el corazón y en el compromiso de nuestra sociedad”.
Fuente: www.aciprensa.com






