
Dos personas de Nicaragua, con la imagen de la Virgen de Guadalupe, en una marcha en apoyo a los obispos el 28 de julio de 2018. / Crédito: Jorge Mejía Peralta vía Flickr (CC BY 2.0).
Desde el corazón de Nicaragua un sacerdote afirma que la Iglesia sostiene la fe de la gente desde “las catacumbas de la prudencia”, ante la feroz persecución de la dictadura de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo.
El sacerdote, que pidió mantenerse anónimo por razones de seguridad y para evitar represalias, habló con ACI Prensa este 3 de julio tras la segunda detención del Obispo Emérito de Estelí, Mons. Abelardo Mata.
De acuerdo a una fuente cercana a la Iglesia consultada por ACI Prensa, el obispo “no estaría en casa por cárcel y no se sabe dónde está”, ya que no habría vuelto a su residencia.
El presbítero dijo luego que “es verdad que desde afuera se puede percibir un aparente silencio, pero este no debe confundirse con indiferencia o con temor paralizante. Es en realidad un silencio de prudencia, de profunda responsabilidad pastoral”.
Tras recordar que la dictadura “ha relegado la fe al espacio privado” o “intramuros en las iglesias”, el sacerdote recordó que hay varios obispos exiliados.
“La ausencia de obispos en sedes tan importantes como Estelí, Jinotega, Matagalpa y Siuna también es un golpe directo a nuestra Iglesia, nuestra comunidad. Aunque confiamos plenamente en la guía del Espíritu Santo, la falta de una figura pastoral visible dificulta la administración, dificulta el acompañamiento, dificulta esa cohesión eclesial”, indicó el sacerdote.
En estas sedes la dictadura ha prohibido, ya desde hace algún tiempo, la ordenación de sacerdotes y diáconos.
El presbítero destacó que “caminamos entonces, pero con el peso de la fragmentación y vivimos también en una constante incertidumbre”.
“Hasta las paredes oyen”
El sacerdote también relató que ahora en Nicaragua “el anuncio del Evangelio, la predicación diaria, se realizan bajo una enorme presión, sabiendo que cualquier palabra o mensaje puede ser malinterpretado, puede ser utilizado para señalarnos como opositores o como desestabilizadores”.
“La vigilancia es real, es constante. Decimos aquí que ‘hasta las paredes oyen’. Y esto ha fragmentado incluso la comunicación interna, sembrando muchas veces desconfianza, algo casi lógico en un entorno donde el control es la norma”, añadió.
En efecto, la policía asedia a los sacerdotes, les toma fotos y exige ser informada sobre cada salida de sus parroquias o los movimientos fuera de su territorio. Si se menciona algún problema social en homilías, se arriesgan a sufrir cárcel o destierro.
El “silencio” de la Iglesia
El presbítero también explicó a ACI Prensa que “los obispos, los sacerdotes que permanecemos en el país, debemos actuar de manera sigilosa, con un sigilo extremo. Esto no es cobardía, no. Es astucia, diría yo, como la astucia de la serpiente y la sencillez de las palomas de las que nos habla Jesucristo en el Evangelio”.
“Cada paso, cada palabra, deben ser calculados para no cruzar esa línea invisible que justifique una acusación de sublevación y poder seguir acompañando al pueblo que se nos ha confiado. En definitiva, la Iglesia en Nicaragua no ha desaparecido. No, no se ha rendido. Está resistiendo. Estamos resistiendo en el silencio”, subrayó.
“Estamos sosteniendo la fe de la gente desde las catacumbas de la prudencia, esperando tiempos de mayor libertad”.
El sacerdote dijo también que entiende “el silencio del Vaticano. En este sentido, la comunión eclesial no depende sólo de comunicados públicos. Sabemos que hay oraciones, hay gestos diplomáticos que no hacen ruido y en este momento lo que menos necesita el pueblo de Nicaragua es generar más divisiones, sino mantener la esperanza viva en la Iglesia”.
“No nos sentimos solos”
“Cuando un miembro sufre, todo el cuerpo sufre con él. No nos sentimos solos. Por eso sabemos que la Iglesia sufre con nosotros. La Iglesia siente con nosotros y toda la Iglesia universal nos sostiene, aunque las formas, las maneras de ese sostenimiento deban ser discretas, eso tiene que comprenderse”, reflexionó el sacerdote nicaragüense.
“Eso lo deberían comprender también quienes presionan o dicen que desde adentro no hacemos nada. Estamos protegiendo la misma labor pastoral, sobre el terreno, para que el pueblo de Dios no quede en el abandono”, añadió.
Para concluir, el sacerdote dijo que espera “un día poder actuar desde la libertad y podamos vivir nuestra fe desde la libertad, pero por ahora esta es la realidad que estamos viviendo”.
Fuente: www.aciprensa.com






