
Crédito: Gabriella S. Csapo de Corelens / Canva
Cada vez más jóvenes buscan espacios para profundizar en su fe y construir comunidad. En ese contexto, los clubes de lectura católicos comienzan a abrirse paso como una propuesta que combina el gusto por los libros con el crecimiento espiritual.
Iniciativas como Betania Club de Lectura Católico y El Carmelo Descalzo compartieron con ACI Prensa su experiencia y ofrecieron algunas recomendaciones para quienes desean iniciar un proyecto similar en su parroquia, universidad o comunidad.
Encomendarlo a Dios
Para José Jorge Domínguez, fundador de Betania Club de Lectura Católico, el primer paso es comenzar desde la oración y “entregarle el proyecto a Dios”. “Él siempre ve la intención del corazón”, agregó.
Asimismo, recomendó presentar la iniciativa al párroco para que conozca el proyecto y, si es posible, pueda ofrecer acompañamiento espiritual y orientación.
Hilo conductor
Otro elemento fundamental para mantener vivo un club de lectura es tener un objetivo definido.
Sara Gisela Sánchez Ureña, integrante de El Carmelo Descalzo, explicó que es “más fácil mantener la asistencia cuando hay un hilo conductor del club de lectura”.
Su proyecto nació dentro de un grupo de adultos solteros con espiritualidad carmelita que quieren purificar “la propia experiencia de vida para definir mejor si nuestra vocación es la soltería o el matrimonio, pero desde un enfoque del crecimiento espiritual y con la madurez de adultos que somos”.
Con ese propósito, este año organizaron un programa basado en las obras de San Juan de la Cruz, alternándolas con autores que abordan temas relacionados con la Noche Oscura del Alma.
Dinámica de las reuniones
Para Sánchez, una clave importante es que las reuniones no se conviertan únicamente en espacios de análisis literario, sino en momentos de encuentro y reflexión personal.
Explicó que la dinámica de El Carmelo Descalzo comienza con una conversación sobre las impresiones generales que dejó el libro. Después, los participantes responden algunas preguntas para relacionar la lectura con su propia experiencia.
Por otro lado, recomendó que es importante estudiar un poco más al autor. “No sólo se trata de elegir autor, sino también conocer sobre él”, indicó.
En el caso de Betania Club de Lectura Católico, Domínguez destacó que uno de los objetivos principales es crear un espacio donde los participantes puedan compartir sus experiencias y escuchar la perspectiva de otros.
La intención, explicó, es que las personas “puedan dar su punto de vista, su experiencia de vida y crear un espacio donde Dios sea el centro de todo”.
¿Virtual o presencial?
Sobre la modalidad de los encuentros, ambos responsables coinciden en que depende de la realidad de cada comunidad y de la disponibilidad de los participantes.
En Betania optaron por encuentros presenciales en diferentes espacios de la Ciudad de México. Domínguez explicó que el grupo va “peregrinando por la ciudad, en diferentes sedes como cafés, o puntos de encuentro”.
Por otro lado, El Carmelo Descalzo encontró en las reuniones virtuales una alternativa para adaptarse a las agendas de sus integrantes. Para Sánchez, más allá del formato, lo importante es “conocernos y formar una hermandad”.
Favorecer el diálogo
Aunque cada iniciativa tiene una dinámica diferente, ambas coinciden en que un club no debe quedarse únicamente en el ejercicio de la lectura, sino ayudar a que sus integrantes lleven esas reflexiones a su vida cotidiana.
Domínguez destacó la importancia de que cada obra tenga un impacto espiritual concreto, pues “no es sólo leer por leer”, sino “hacer propia cada lectura, discernirla con nuestra propia vida y que de fruto”.
Para él, una de las grandes riquezas de estos espacios es poder anunciarles a las nuevas generaciones “que hay un Dios que los ama, que les entiende y escucha”. A su juicio, “la lectura en comunidad es un medio excelente para ese objetivo”.
Algunas recomendaciones de libros
Para quienes desean comenzar un club de lectura católico, Domínguez recomienda iniciar con obras que ayuden a profundizar en la vida espiritual, como Libro de la vida, de Santa Teresa de Ávila.
Por su parte, Sánchez propone acercarse a autores como San Juan de la Cruz, pero también combinar la lectura espiritual con otros escritores que permitan reflexionar sobre la experiencia humana desde una perspectiva cristiana, como C.S. Lewis.
Fuente: www.aciprensa.com






