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El clero paraguayo reflexiona sobre la identidad y el futuro de la vocación sacerdotal


Jornada Nacional del Clero. Crédito: Conferencia Episcopal Paraguaya

Con la presencia de sacerdotes de las distintas diócesis del Paraguay, se desarrolló del 13 al 16 de julio la Jornada Nacional del Clero en el Seminario Mayor Nuestra Señora de la Asunción.

Organizado por la Pastoral Presbiteral de la Conferencia Episcopal Paraguaya, la jornada fue un espacio de formación, reflexión y comunión para los sacerdotes, donde compartieron la mirada sobre la realidad actual desde el servicio pastoral que brindan a lo largo y a lo ancho del país.

El encuentro se enmarca en el trienio dedicado al «Bien Común 2026-2028» y pone el foco en el tema «Identidad del sacerdote y perfil del ministerio en el contexto actual».

La jornada comenzó el lunes con el eje en las encíclicas sociales. En ese marco, el P. Gustavo Benítez, la profesora Angélica Otazú y fray Pedro Velasco tuvieron a cargo la ponencia “De Rerum novarum a Magnifica humanitas: mirada histórica y teológica”.

En su recorrido por los documentos publicados entre 1891 y 2026, expusieron cómo la Iglesia fue respondiendo a los distintos desafíos de cada época a la luz del Evangelio. En ese marco, se pudo evidenciar la riqueza de la Doctrina Social de la Iglesia y su vigencia como faro de la acción pastoral y el compromiso con la dignidad de cada persona, la justicia y el bien común.

El prefecto del Dicasterio para el Clero, Cardenal Lázaro You Heung-sik, se hizo presente en el encuentro con un mensaje en el que hizo llegar la cercanía del Papa León XIV y destacó: «La fidelidad al sacerdocio y, por ende, el servicio al bien común del pueblo emanan de la misma fuente, el Corazón de Cristo, el Corazón del Buen Pastor».

El cardenal exhortó a cada sacerdote a ser «un hombre verdaderamente configurado con Cristo» y les recordó que el ministerio sacerdotal «nunca se considera un privilegio, sino siempre un servicio», advirtiéndoles asimismo sobre tentaciones riesgosas para la misión, como la eficiencia o el quietismo.

Una fidelidad que genera futuro

El Arzobispo de Asunción, Cardenal Adalberto Martínez Flores, también aportó sus líneas de reflexión sobre la identidad del sacerdote y el perfil del ministerio en el contexto actual, mediante un texto titulado “Una fidelidad que genera futuro”.

En sus palabras, el purpurado valoró la Jornada Nacional del Clero como un “tiempo de gracia” para detener el ritmo de la misión y volver a contemplar el don recibido, regresando así a la fuente de la vocación sacerdotal.

“El sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús”, señaló el cardenal en palabras de San Juan María Vianney, con el recordatorio de que “el sacerdocio nunca es una conquista personal, sino un regalo inmerecido de la misericordia divina”.

En ese sentido, apuntó que la fidelidad sacerdotal “no consiste solamente en conservar lo recibido, sino en permitir que el Espíritu Santo renueve continuamente nuestra entrega”.

Al profundizar sobre la identidad del sacerdote, recordó que ésta siempre precede a la misión y que un sacerdote es ante todo “un hombre llamado por Jesucristo, configurado sacramentalmente con Él y enviado para prolongar su presencia en medio del Pueblo de Dios”.

“La identidad del sacerdote se sostiene sobre tres pilares inseparables: la comunión con Cristo, la comunión con la Iglesia y la cercanía al Pueblo de Dios. No existe auténtica espiritualidad sacerdotal al margen de la Iglesia, ni verdadera fidelidad eclesial sin amor al pueblo confiado”, sintetizó el Cardenal Martínez Flores.

“El sacerdote pertenece a Cristo, sirve a la Iglesia y entrega su vida por el pueblo. Cuando estas tres dimensiones permanecen unidas, el ministerio se convierte en un verdadero reflejo del Buen Pastor”, añadió.

Al referirse al contexto actual y sus grandes cambios culturales, sociales y eclesiales, el arzobispo ahondó en los desafíos de los sacerdotes de hoy, entre los que enumeró “la secularización, la indiferencia religiosa, la cultura digital, las nuevas pobrezas, la crisis de la familia, la polarización social y la pérdida de confianza en las instituciones”.

“Precisamente por ello, la Iglesia necesita presbíteros con una identidad clara y un corazón profundamente arraigado en Cristo. Las dificultades del tiempo presente no deben llevarnos al desánimo, sino a redescubrir la belleza y la actualidad de nuestra vocación”, indicó, animándolos a fortalecer la oración, cultivar la cercanía pastoral, y “unir doctrina sólida, celo apostólico y caridad pastoral”.

“La misión sacerdotal exige integrar la verdad con la misericordia, la firmeza con la ternura, la fidelidad con la creatividad pastoral”, recordó, considerando que éste es el perfil del sacerdote que necesita la Iglesia del siglo XXI.

Asimismo, destacó la importancia de las comunidades y la fraternidad entre sacerdotes, ya que “la fidelidad sacerdotal no depende únicamente de la fortaleza personal, sino también de la gracia que Dios comunica a través de los hermanos”.

Finalmente, llamó a vivir una vocación auténtica, ya que un sacerdote feliz es “un promotor vocacional”, y a recuperar en su testimonio ese “ardor espiritual” que llama a nuevos jóvenes al sacerdocio.

“Que el ejemplo del santo Cura de Ars, las enseñanzas del Papa Francisco y del Papa León XIV, el testimonio de nuestros queridos sacerdotes paraguayos y la memoria agradecida de quienes nos precedieron nos animen a seguir caminando con esperanza. La historia de la Iglesia en el Paraguay nos enseña que las grandes obras nacen de sacerdotes profundamente unidos a Dios, entre sí y a su pueblo”, concluyó, encomendando el ministerio sacerdotal de cada uno a la intercesión de la Virgen.

Fuente: www.aciprensa.com

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