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El término municipal de Cuenca es perfecto para ver el eclipse: el único problema es que es un galimatías incomprensible

El término municipal de Cuenca es perfecto para ver el eclipse: el único problema es que es un galimatías incomprensible

¿Sabrías dibujar de memoria el mapa de tu pueblo o ciudad? Pues bien, ahora imagina que se rompe en dos trozos, y que para ir de uno a otro sin salir de tu propio municipio hace falta cruzar media serranía. Vamos, que hay que pegarle un cacho de celofán como si fuera un puente y solapar partes. Eso es Cuenca cada día: un ayuntamiento que gobierna 911,6 kilómetros cuadrados repartidos como quien revienta un jarrón contra el mapa de Castilla-La Mancha. Un test de Rorschach que se deshace en las manos de más de un registrador de la propiedad. ¿Tan difícil era hacer las cosas bien?

Un imperio a golpe de pasto, piedra y monte. Parece que no. Solo trece municipios de los 8.119 que tiene España superan la extensión de Cuenca capital. El más grande es Cáceres; dentro de la propia región, Almodóvar del Campo y Albacete también ganan. Pero es que más del 80% de ese territorio es bosque. Es, de largo, el municipio con más masa forestal de España y está en el top de Europa, título que muchas fuentes atribuyen por error a Ginebra. No en vano vierte agua a dos mares distintos: el Júcar, que cruza el territorio hasta cinco veces, muere en el Mediterráneo. El Cuervo y el Escabas, afluentes del Tajo, van a dar al Atlántico.

La organización territorial española, basada en las asignaciones de 1833 por el absolutista “reformista” Javier de Burgos, se fundamenta en municipios vinculados por proximidad a la provincia más próxima. El objetivo era claro: que ningún pueblo tardase más de un día de trabajo en llegar a su capital provincial. Cuenca pensó de otra manera.

El fuero que lo empezó todo. La culpa es medieval. En 1177 Alfonso VIII entregó a Cuenca, recién conquistada, todo su término. Hablamos de montes, de pastos, ríos, salinas y minas. Los límites, para otro día. A mediados del siglo XVIII la ciudad ya controlaba más de 208.000 almudes de pasto, un tercio de toda la serranía. Pueblos vecinos, empezando por Huélamo, llevaban generaciones intentando arañar terrenos: pleitos con Beamud en 1750, disputas de lindes con Valdemeca, cultivos ilegales en las dehesas conquenses de Valduerguinas y El Codorno para impedir que los rebaños de la capital pastasen allí. Y así, miguita a miguita, en 1804 Huélamo y Tragacete se peleaban por las mismas usurpaciones que sus abuelos.

El historiador José María Sánchez Benito, que ha dedicado buena parte de su obra a la articulación territorial de la Tierra de Cuenca en la Baja Edad Media, documentó cómo el propio concejo conquense decidía activamente qué aldeas conservaban rango de población y cuáles se declaraban despobladas. Y esto implica consecuencias fiscales y territoriales directas: la aldea sin población suficiente perdía su término a manos del pueblo vecino con más peso. El mapa actual, según su trabajo, es una cicatriz de siglos de pequeñas guerras administrativas.

La pelea sigue. Esa costumbre de discutir cada metro no ha muerto. Cuenca y Albarracín (Teruel) llevan litigando desde finales del siglo XIX por El Entredicho, un monte de 2.000 hectáreas en el mismísimo nacimiento del río Tajo. Lo contamos en 2024: el Instituto Geográfico Nacional falló a favor de Albarracín, el Ministerio de Política Territorial ratificó la decisión, y Cuenca recurrió ante la Audiencia Nacional, donde el caso sigue abierto.

Elena Camacho, jefa de servicio de Delimitaciones Territoriales en el Instituto Geográfico Nacional, explica el entredicho del lío: cuando se trazaron los primeros límites oficiales a finales del siglo XIX, «se iba al cura, que generalmente era el que sabía escribir, y se le pedía que dibujase un mapa de lo que era su pueblo». Ese boceto, hecho sin instrumentos ni GPS, es la base legal que todavía hoy discuten ingenieros de caminos, abogados y dos comunidades autónomas enteras.

¿180, 130 o 60 kilómetros? Las cifras varían según quién las calcule: algunas hablan de 180 kilómetros en línea recta entre el extremo norte y el sur, y casi 300 por carretera; otras, más conservadoras, lo rebajan a poco más de 60. El récord real de lejanía municipal en España lo tiene Almería, cuyo término incluye la isla de Alborán, a 92 kilómetros de la costa. Y si bien la cifra exacta de Cuenca se discute, lo que nadie discute es que hace falta más de media jornada de coche para cruzar el municipio de punta a punta sin salir de él.

Es más, podemos hasta considerar “islas” en su sentido estricto. Entre pueblos diminutos, con ayuntamiento propio, completamente rodeados por el término de Cuenca, destaca Vega del Codorno, que solo tiene frontera con Cuenca. En casi 33 km² suma poco más de 140 habitantes. Se escindió de Tragacete hace menos de un siglo. Antes eran Vega del Codorno de Abajo y de Arriba. Tragacete, a su vez, también limita solo con Cuenca. Poyatos limitaría igual si no fuera por una franja pegada a él, Huerta de Marojales, que pertenece a Cañizares —un municipio con el que ni siquiera hace frontera—. Y Buenache de la Sierra y Palomera comparten enclave sin ser el mismo pueblo. De locos.

Un eclipse para hacer las paces. Lo que está claro es que la geografía española volverá a hacer de las suyas, en el buen sentido, el próximo 12 de agosto de 2026. La ciudad de Cuenca será una de las pocas capitales de provincia españolas dentro de la franja de totalidad del primer eclipse solar total visible en la península. En más de un siglo. Y se verá de lujo.

La fase total llegará a las 20:32, durará entre 54 y 56 segundos, con el Sol a solo 6 grados sobre el horizonte hacia el oeste-noroeste, y se pondrá poco después, a las 21:09. Habrá que buscar un mirador despejado hacia ese lado —la Serranía tiene de sobra; los míticos son el Ventano del Diablo, cerca de Villalba de la Sierra, y Castillo de Cañete, menos masificado, más alto, mejor para muchos—.

Cualquier loma tapa el espectáculo entero, así que habrá que medir bien. La ironía es que Teruel, la pareja en la disputa por El Entredicho, también entra en la «franja de totalidad». Cuenca y Albarracín, que llevan siglo y medio sin ponerse de acuerdo sobre dónde nace el Tajo, verán el mismo sol desaparecer el mismo minuto.

Imágenes | Captura de Google Maps / Imagen extraída de ‘La ganadería en la provincia de Cuenca en el siglo XVIII’, de María Luz Vicente Legazpi.

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El término municipal de Cuenca es perfecto para ver el eclipse: el único problema es que es un galimatías incomprensible

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Isra Fdez

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Fuente: www.xataka.com

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