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«Es una bomba de relojería»: El nuevo «Chernóbil» de Ucrania no es nuclear: es la presa que Rusia hizo estallar en 2023

"Es una bomba de relojería": El nuevo "Chernóbil" de Ucrania no es nuclear: es la presa que Rusia hizo estallar en 2023

En junio de 2023, en pleno conflicto entre Rusia y Ucrania, la presa ucraniana de Nueva Kajovka voló por los aires liberando 16,4 kilómetros cúbicos de agua del embalse del Dniéper. Una investigación de The New York Times, citando a ingenieros y expertos en explosivos, apunta a una explosión provocada por Rusia, que controlaba la infraestructura en ese momento. Moscú lo niega y acusa a Kiev. Sea como fuere, tres años después, la naturaleza ha vuelto a reconquistar la zona con un enorme bosque. Solo hay un problema: es tóxico.

La zona cero, tres años después. La rotura de la presa causó inundaciones catastróficas, provocó una  gran erosión, pérdida de suelo y el desarraigo de la vegetación, con la consecuente destrucción del hábital. Pero hoy ese antiguo embalse es un vergel lleno de sauces y otra vegetación. También han vuelto los animales: ya se han documentado la presencia de jabalíes y cánidos en la zona. Pero es verde por fuera y tóxico por dentro.

 Una investigación encabezada por el Instituto Leibniz de Ecología de Aguas Dulces y Pesca Continental ha confirmado que bajo esa capa verde hay sedimentos que durante décadas acumularon vertidos industriales de fábricas presentes río arriba (níquel, cadmio, plomo, entre otras sustancias tóxicas)  y que ahora, tras la exposición al aire y el agua, por su naturaleza persistente pueden liberar metales pesados al río, los suelos y finalmente a toda la cadena trófica.

Por qué es importante. El estudio publicado en Science estima que hay unas 83.000  toneladas de metales pesados tóxicos presentes en los sedimentos expuestos, de los cuales menos del 1% se han arrastrado río abajo hasta ahora. El auténtico riesgo son las crecidas estacionales. Sin ir más lejos, en primavera de 2024 el cauce desbordado ya inundó cerca de 900 kilómetros cuadrados con agua contaminada.

Según el equipo de investigación, la destrucción de la presa activó «una bomba de relojería tóxica» y han comparado su impacto con la lluvia radiactiva de Chernóbil de 1986. La autora principal, la dra. Oleksandra Shumilova advierte que todos los contaminantes que se depositan en el fondo pueden acumularse en diversos organismos, pasando por la cadena alimentaria y llegando a las plantas, los animales y, en última instancia, a los seres humanos y que las consecuencias son comparables a los efectos de la radiación.

Contexto. El embalse de Kajovka se construyó en 1956 en lo que por aquel entonces era la URSS a raíz de la construcción de la central hidroeléctrica de la zona y desde entonces soportaba sobre sus hombros la generación eléctrica de la zona. Asimismo, también proporcionaba el abastecimiento de agua de la región, la agricultura, piscifactorías y para instalaciones industriales. La Dra. Shumilova explica un concepto interesante para entender la cara B ecológica de los conflictos armados actuales: «En la guerra moderna, los ríos siguen utilizándose no solo como frentes de batalla, sino cada vez más como armas».

En detalle. La investigación analizó los efectos medioambientales combinando trabajo de campo, teledetección y modelización hidrodinámica, además de experiencias previas en desastres similares. Este conjunto les permitió delimitar en espacio y tiempo la escala del desastre y esbozar tendencias para restablecer los ecosistemas dañados a lo largo de los años. 

Antes del vertido, el embalse acumulaba una capa de limo de hasta 1,5 metros de espesor (hasta 1,7 kilómetros cúbicos de sedimento). Una vez estudiada la situación actual y futura, el equipo de Shumilova propone construir dos barreras de contención de unos 14 kilómetros cada una para aislar los sedimentos más contaminados y planea estudiar la bioacumulación analizando, por ejemplo, excrementos de ciervos.

Sí, pero. Si bien es cierto que existe una amenaza tóxica real y bien cuantificada, el propio estudio matiza que la recuperación ecológica también avanza en paralelo, de modo que en cinco años se espera un restablecimiento del 80% de las funciones perdidas del ecosistema y un repunte notable de biodiversidad fluvial en solo dos. 

Portada | IGB (Ivan Antipenko) y Липунов Дмитрий 

Fuente: www.xataka.com

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