Si en el montaje, organización, logística y calidad de las instalaciones de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe la República Dominicana sacó notas altas, en el terreno los atletas locales cumplieron la tesis que el Comité Olímpico Internacional (COI) define como host nation effect o efecto anfitrión, ese empuje en el medallero que se consigue cuando se alberga una cita de ese tipo.
El COI, apoyado en estadísticas históricas de competencias multideportivas, identifica entre un 20 % y 35 % el incremento en cosecha de podios al país anfitrión de unos Juegos Olímpicos. Para Panamericanos y Centrocaribeños los totales se disparan entre 30 % y 60 %.
En Santo Domingo 2026, Dominicana no solo trituró su marca histórica de metales ganados en unos JCC (establecida en una edición de Mayagüez 2010 inflados por la ausencia de Cuba), también aumentó en un 35 % su producción con relación a la fecha previa, San Salvador 2023.
El caso de las medallas de oro, el aumento fue de un 84 % (de 25 a 46) y en el bronce un 35 % (50 a 67). La aguja apenas se movió en las de plata, un 3 % al pasar de 36 a 37.
Se logró subir al podio en 31 de los 55 disciplinas del programa, con una delegación diversa que expresa todos los flecos de los habitantes de este bitercio insular: el grueso formado en la isla con una cuota del origen tan diverso como italiano, checo, haitiano o búlgaro y el complemento de la diáspora, desde Suiza hasta los Estados Unidos.
Tantos metales como para defender el quinto lugar ante un Puerto Rico disparado (pasó de 96 a 124 medallas) y hasta para pulsear con Venezuela el cuarto puesto hasta la última fecha.
Saúl Mena, en el estreno de los e-sports, otorgó un oro desde una silla que integra a un sector tan importante que no puede ser ignorado.
El paralímpico Christopher Melenciano puso con sus piernas un valor especial a ese relevo 4×400 mixto que cerró Marileidy Paulino y luego interpretando el himno nacional en el lenguaje de señas fue tendencia en las redes sociales.
El total de 150 preseas conquistadas por la delegación duartiana en su tierra da continuidad a una tendencia ascendentes que comenzó precisamente ese 1974 con los “Docejuegos” y que solo encuentra interrupciones en la barra en Cartagena 2006 y Veracruz 2014, cuando el efecto retorno de Cuba devolvió el certamen a su nivel real.
Tanto brillo que hizo pasar desapercibido otra decepción del béisbol (fuera del cuadro de medallas) o el ciclismo, incapaz de rasgar una de las 60 medallas a las que tuvo acceso.
Posibles razones
El COI atribuye los resultados del efecto anfitrión a una mayor inversión económica, aumento de la delegación con menor coste al no tener que viajar, apoyo del público local y hasta a la influencia arbitral.
- Desde el Gobierno y el Comité Olímpico Dominicano se aseguraron de que dos de esas variables se cumplieran y el público cumplió con la tercera, al reportar el Comité Organizador más de 800 mil visitantes a los recintos.
Si para El Salvador 2023 el Ministerio de Deportes destinó 472 millones de pesos (7,4 millones de dólares de la época) esta vez se dobló hasta los 893 MM de pesos (15,3 MM de papeletas verdes). Un aumento del 109 %, a lo que se sumó el suministra el programa Creando Sueños Olímpicos (CRESO), una iniciativa privada que opera desde 2010.
De igual manera, el COD inscribió hace cuatro años 477 atletas en 37 deportes (en 53 modalidades) y esta vez elevó los participantes hasta 710 y en 40 disciplinas y 57 singularidades. La presencia en el terreno subió un 48,8 %.
Pero no hay fórmula mágica para anclarse en el ranking, por más que el fenómeno de la migración haya disparado el uso de recursos formados en otras tierras, no hay presupuesto que compre un sistema deportivo robusto.
Fuente: www.diariolibre.com






