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España produce el 84 % de su energía renovable en el campo. El problema es que muchos de sus beneficios no se quedan allí

España produce el 84 % de su energía renovable en el campo. El problema es que muchos de sus beneficios no se quedan allí

Aunque hoy en día es difícil encontrar a alguien que esté en contra de la transición energética, sus efectos no siempre son justos ni simétricos y hay quien ve un fenómeno más especulativo que positivo en la España vaciada. Los parques de energías renovables llegaron hace algunos años con cientos de promesas de prosperidad y de futuro para una parte de nuestro país que vivía un constante goteo de despoblación. Ahora, con perspectiva, los datos muestran que la transición verde es necesaria, pero también que necesita de un gran compromiso.

Radiografía energética de nuestro territorio. Según datos de la Agencia Empresarial Eólica, somos la sexta potencia eólica del mundo, solo por detrás de países con una mayor extensión que la nuestra, como Estados Unidos, China o Brasil, entre otros. Más de 22.400 aerogeneradores dibujan hoy nuestros paisajes, distribuidos en 1.454 parques eólicos que se concentran en tan solo unas pocas comunidades autónomas: solo Castilla-La Mancha, Castilla y León o Aragón aportan más de la mitad de la energía generada por el viento, frente a desiertos eólicos como el de la región de Madrid.

Algo parecido ocurre con la solar, donde son Extremadura y Andalucía las que más suelo dedican al despliegue de sus placas. Por detrás de la eólica y la nuclear, la fotovoltaica es la tercera fuente de generación de energía nacional y la que más popularidad tiene entre la población: una encuesta de Sigma Dos para UNEF determina que un 66,3% de los españoles cree que es la tecnología que más se debería de desarrollar.

En total, las cifras son contundentes: el campo produce el 84% de la energía renovable en España. Sin embargo, sus efectos en el día a día de los pueblos a veces no son tan visibles.

El reto demográfico. Al contrario que nuestra densidad poblacional, que en algunas zonas de la península compite con lugares tan inhóspitos como Laponia, las instalaciones de energías renovables sí se extienden con cierta uniformidad por todo nuestro territorio. Sin embargo, el efecto que tiene su presencia en unas y otras regiones está siendo muy asimétrico y no en todas han supuesto una mejora de la vida de la gente.

De hecho, no siempre parece ser cumplirse los principales mantras, el del problema de la creación de empleo, ya que en ocasiones solo demandan mano de obra local principalmente durante su construcción. Una vez en marcha, es una industria muy mecanizada para la que no hacen falta muchas personas y cuando es así, son puestos cualificados para los que no se tira siempre del pueblo. Algunos ejemplos, como el de Extremadura, lo dejan claro: alrededor del 50% del valor de su producción industrial es del subsector energético, pero, sin embargo, solo el 5% de la población trabaja en este sector.

“Renovables sí, pero no así”. La implantación de estos parques ha movilizado a plataformas y colectivos que protestan frente al impacto que tienen los aerogeneradores o las placas, no solo en su vida, sino también en el entorno natural y biodiversidad de la zona en la que viven.

Y es que parte del valor que generan este tipo de instalaciones no revierte en los municipios en los que se encuentran y, a veces, los efectos negativos son mayores que los beneficios. Por ejemplo, como recoge El Confidencial según los cálculos de Teruel Existe, si en esta provincia aragonesa se aprobasen todos los proyectos eólicos pendientes de tramitar, ocuparían el 10% de su superficie. Además, la misma organización política apunta que solo el 3% de los beneficios que genera un parque eólico se queda en el territorio en el que se emplaza: el 2% en impuestos para el ayuntamiento y el 1% para el propietario de la tierra.

Posibles soluciones. Cada vez son más las propuestas que buscan corregir este tipo de problemas y apostar por una transición verde que sea más justa e inclusiva. Un estudio de Fedea, realizado por el catedrático Diego Rodríguez, apunta a un sistema de compensación específico, dirigido a beneficiar a aquellos municipios donde las renovables tienen mayor impacto. 

Asimismo, otras plataformas como el Foro Vecinos Eólicos persiguen un equilibrio entre el desarrollo de esta tecnología imprescindible para el futuro y el bienestar de las comunidades locales. Por eso han presentado recientemente en el Congreso la Declaración Conjunta del Sector Eólico y los Municipios para el Desarrollo Local Sostenible que recoge un doble objetivo: poner en el centro a las personas que conviven cada día con la energía eólica y crear un espacio de diálogo abierto y constructivo entre comunidades locales, administraciones y empresas del sector. 

Imagen | Luca Bravo

Fuente: www.xataka.com

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