Sam Altman ha confirmado a Fortune que OpenAI no saldrá a bolsa en 2026. Según él, «con todo lo que está pasando con la seguridad», ahora sería un momento desaconsejable. Prefiere dedicar el año al alineamiento.
Por qué es importante. Salir a bolsa no es solo vender acciones y recaudar. Es un paso que obliga a publicar un informe con pérdidas, compromisos y riesgos, y a repetirlo cada trimestre.
- OpenAI presentó su S-1 de forma confidencial en junio. Esa vía permite a la SEC (el regulador estadounidense) revisar las cuentas sin que sean públicas hasta poco antes del debut.
- Mientras siga sin cotizar en bolsa, lo que sabemos de sus números llega por filtraciones que pueden permitirse fallar, no por imperativo legal donde solo cabe la verdad.
En cifras:
- 852.000 millones de dólares de valoración tras una ronda de 122.000 millones cerrada en febrero.
- 5.700 millones de ingresos y 3.700 millones de caja quemada en el primer trimestre, según documentos para accionistas que publicó The Information.
- 665.000 millones de quema de caja acumulada prevista hasta 2030, 111.000 millones más que en su previsión anterior.
- 750.000 millones de gasto en cómputo previsto hasta 2030, según el WSJ, frente a los 600.000 que calculaba en febrero.
- 2030 es el primer año en que espera ser rentable, según el propio WSJ.
Entre líneas. No es la primera vez que Altman usa este argumento. En 2023 ya dijo que OpenAI no podía cotizar porque la superinteligencia «exigiría decisiones que el mercado vería muy extrañas«.
La diferencia es que entonces OpenAI no necesitaba pasar por la bolsa. Ahora sí la necesita. Su directora financiera, Sarah Friar, lo resumió hace unos meses explicando que los mercados públicos son mucho más grandes que los privados. Dicho de otro modo: hay mucho dinero que ganar sacando la empresa a bolsa que manteniéndola como está ahora.
Hay además un problema de relato. Un informe de salida a bolsa tendría que incluir entre los riesgos que la propia empresa pide frenar el desarrollo de su producto. Es un párrafo previsiblemente complicado de escribir para una empresa que promete crecer al ritmo que promete OpenAI. Y que sobre esa promesa ha acumulado inversiones descomunales.
El contraste. Anthropic también ha pedido frenar, pero sus cuentas son otras. Según el Financial Times, ha dicho a sus inversores que conseguirá beneficio operativo ajustado por segundo trimestre consecutivo. Y sigue dando pasos hacia su propia salida a bolsa.
El discurso de la seguridad es el mismo en las dos empresas, pero la urgencia por no enseñar las cuentas no es la misma.
Sí, pero. Nada de esto demuestra que la seguridad sea una excusa. El riesgo de desalineamiento es real, y la dimisión de Jacob Coxon y las advertencias de Amodei hacen creíble ese argumento. Además, OpenAI tiene otros frentes que complican el debut:
- El enfrentamiento judicial con Apple que ha arrancado este año.
- Y una estructura empresarial que el propio Altman describe como «increíblemente complicada».
Y ahora qué. La salida a bolsa no llegará antes de 2027. Hasta entonces, OpenAI seguirá financiándose en privado y sin tener que hacer públicas sus cuentas.
Si la seguridad sigue sin resolverse en 2027, el argumento servirá igual de bien. Si las cuentas mejoran, quizá ya no haga falta.
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Fuente: www.xataka.com






