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“Yo me sentía morir”: El calvario de un sacerdote al huir de Nicaragua


Banderas de Nicaragua en las protestas de 2018 / Crédito: Jorge Mejía Peralta vía Flickr (CC BY 2.0)

Le tocó huir de Nicaragua ante la persecución de la dictadura y nunca lo tuvo fácil. Para este sacerdote exiliado la salida fue un camino largo, pero por encima de todo, doloroso, por tener que dejarlo todo. Poco a poco fue recomponiendo su vida y ahora sirve en Estados Unidos, donde ejerce el ministerio sacerdotal al que Dios lo llamó.

Este sacerdote, que pidió quedar en el anonimato para evitar represalias de la dictadura contra su familia y amigos, relató a ACI Prensa cómo se inició su calvario tras ser identificado por la dictadura como uno de los muchos presbíteros que acompañaron las protestas de la población contra el régimen, especialmente de los jóvenes, en 2018.

Una de sus principales preocupaciones, refiere, fue ayudar a los jóvenes para que no se “desvíen” como sucedió con la revolución sandinista de 1979, el levantamiento armado que derrocó a la dictadura de Anastasio Somoza en Nicaragua y llevó al poder al Frente Sandinista de Liberación Nacional fue, en su opinión, “un fracaso”. 

“Tocaba apoyar a los muchachos ahora”, dándoles también espacios para reunirse y organizarse en su parroquia.

El sacerdote contó que también ayudó a jóvenes heridos por la policía —que  reprimió brutalmente las protestas que cobraron la vida de más de 350 personas, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)— y que también acompañó a diversas familias de jóvenes asesinados durante la represión.

Por todo lo ocurrido, dejó Nicaragua un tiempo y volvió tras unos años, en 2022.

“No hay respeto a la persona humana” en el sandinismo

Otro aspecto que suscitó la persecución en su contra a partir de 2022 fueron sus sermones. “Denunciar en mis homilías las cosas que hacía el gobierno y resaltar que no estábamos de acuerdo”, explicó.

Él sabía que esta denuncia le podía costar caro porque, según explica, el sandinismo, la corriente ideológica de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, “tiene una filosofía que es la siguiente: Ni perdón ni olvido. Es decir, lo que tú hiciste tarde o temprano te lo van a cobrar”.

”Es una ideología marxista que no tiene ningún régimen de valores y que anula la dimensión trascendente de la persona y de la vida”, agrega.

El sandinismo es una corriente ideológica de izquierda, nacida en Nicaragua en 1961 con Augusto César Sandino, que toma influencias del marxismo y de grupos revolucionarios del siglo XX.

El acoso

El sacerdote recuerda que, poco a poco y tras sus denuncias, comenzó a ver “un fenómeno de acoso constante de personas que yo no conocía, que no eran gente de la parroquia, que llegaban a grabar las homilías”. 

También aparecían personas que le ofrecían limpiar la parroquia, para vigilar quiénes llegaban a la iglesia y qué hacía el presbítero y los demás. “Eran allegados del gobierno, sus ojos y oídos en los barrios”.

“La feligresía en Nicaragua está dividida. Uno no sabe quién es quién”, lamenta el sacerdote.

La policía también solía detenerlo cuando conducía para pedirle dinero o para ver “si yo tenía armas, si yo era golpista. Y eso cansa y era constante”.

El detonante

“Un día de tantos, unas personas no identificadas pasaron los muros de la parroquia para ir a buscarme. Estaba mi mamá en ese momento en la casa cural. Yo no estaba y mi mamá me llamó por teléfono y me preguntó si había mandado a alguien. Gracias a Dios, teníamos unos perros y eso protegió a mi mamá. Ya no teníamos seguridad”, rememora.

Ese episodio, cuenta el sacerdote, estuvo acompañado con una advertencia explícita de personas que trabajaban en el gobierno y que le dijeron que el gobierno tenía unas listas de presbíteros que consideraba problemáticos.

“En confesión escuchaba el sufrimiento de algunas personas que me decían, ‘padre, ¿qué hago? Yo no tengo otra fuente de ingreso más que este trabajo’. Es decir, trabajaban para el gobierno y los obligaban a ellos a salir a hacer campañas y a informar. Tenían un sufrimiento terrible”, dice.

“Me decían, ‘padre, usted tiene que dejar el país lo más pronto posible. Está en riesgo’”.

La huida de Nicaragua

Un domingo, a mediados de 2023, comenzó la huida, su “decisión más difícil”, que sólo conocía su madre. “Me llevé una mochila y, envuelta en un suéter, una imagen de la Inmaculada, de la cual yo soy devoto. Tengo un amor especial a la Virgen”. Acompañado de un expolicía, que “no estaba de acuerdo con el gobierno y sus barbaridades” pudo llegar a la frontera con Costa Rica.

El expolicía negoció con un “coyote” —como se conoce a las personas  que cobran para pasar inmigrantes ilegalmente, especialmente hacia Estados Unidos— para que saliera por una zona conocida como “punto ciego”, donde iba pagando una cierta cantidad de dinero a cada dueño de las propiedades por donde tenía que pasar forzosamente.

“Punto ciego” es un paso fronterizo informal usado por migrantes y traficantes para cruzar ilegalmente entre Nicaragua y Costa Rica, evitando los controles migratorios. Allí, se encontró con un escenario más doloroso aún.

“Era tremendo. Hay lugares de prostitución, de droga. Eso fue impresionante. Yo nunca había pasado eso… La inseguridad, la suciedad, esos corredores oscuros, impresionantes, donde hay tráfico de personas”, cuenta.

Finalmente y tras varios días pudo llegar a Costa Rica, donde fue acogido por unas religiosas y luego por unos sacerdotes amigos.

La depresión

Después, le sobrevino una depresión. “Yo la verdad que me sumí en una profunda depresión porque no es fácil cortar el vínculo completamente con todo: con la Iglesia, con los hermanos sacerdotes, con la familia, con la parroquia. Yo me sentía morir. Yo no paraba de llorar”, relata el sacerdote.

Desorientado y con una gran incertidumbre por su futuro, estuvo en dos lugares en Costa Rica, en donde pudo ejercer su ministerio, pero no del todo.

“Allí estuve prácticamente como en un retiro personal de perfección, desorientado completamente. En una situación que sentía como ruptura total”. Pero todo eso, remarca, también le sirvió para una “restauración interior”.

Estados Unidos, el destino final

El sacerdote nicaragüense llegó a Estados Unidos en 2024 con pocas cosas claras, pero sí con un claro anhelo de servir.

En la diócesis en la que está ahora, donde el obispo aceptó que trabaje, ha tenido un buen recibimiento. “La comunidad me agarró un gran cariño y se organizó para ofrecerme una casa donde yo pudiera vivir aparte y donde hice mi capilla”, dice.

Ahora se prepara para dar consejería espiritual, sigue trabajando pastoralmente y estudiando.

El recuerdo de su historia, comenta, “es una herida que todavía tiene que sanar poco a poco. Los que estamos afuera y los que están adentro sufrimos. De los dos lados hay mucho dolor”.

Sobre su vida actual en Estados Unidos, comenta sigue con el proceso de adaptación “Tenemos que batallar con mil cosas: el idioma, la cultura, la carrera, el costo de la vida. Me refiero a todos los nicaragüenses que estamos afuera. Es un sufrimiento impresionante”.

“Somos sacerdotes para la Iglesia”

Pero a pesar de todas las dificultades, mantiene su moral alta. “Nuestra esperanza es Jesucristo. Y yo, casualmente en estos días he estado leyendo pasajes de las Escrituras sobre la persecución a los apóstoles y la migración de muchos, que llevaron el evangelio. Y yo me siento identificado con eso”.

“Somos sacerdotes para la Iglesia. Y aunque no estemos en Nicaragua tenemos que servir a la Iglesia. Eso es muy importante. Otras iglesias, finalmente, se están beneficiando de nuestros sufrimientos”, concluye.

Fuente: www.aciprensa.com

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