
El obispo Andrew Cozzens de la diócesis de Crookston pronuncia un discurso en la clausura de la campaña «40 Días por la Vida» en Moorhead, Minnesota, el 29 de marzo. / Crédito: Roxane Salonen / NCRegister
El 29 de marzo, defensores de la vida en la ciudad de Moorhead, Minnesota, se reunieron para clausurar con canciones y celebraciones la primera campaña de primavera de «40 Días por la Vida» en su área.
El punto central del evento fue un escenario improvisado sobre una plataforma enganchada a una camioneta, en el que se encontraban sentados dos músicos: Tim Mosser, director de la oficina de respeto a la vida de la vecina diócesis de Fargo, en el teclado, y su hijo adoptivo, Romeo, de 8 años, en la batería digital.
Junto con varios testigos locales, que relataron cómo se salvó a un bebé del aborto el primer día de la campaña, y otro posible rescate al final de la misma, se encontraba un invitado especial, distinguido pero humilde, que había venido con palabras de aliento y una historia que provocó un aplauso entusiasta.
“No queremos clínicas de aborto en ningún sitio, pero sobre todo en mi diócesis, ¿verdad?”, dijo Mons. Andrew Cozzens, Obispo de la Diócesis de Crookston, el área sobre la que tiene autoridad espiritual y que había caído en manos del enemigo.
No era su primera visita a la zona. El obispo Cozzens había estado en el mismo lugar, bajo una gran carpa, en una concentración provida el 19 de agosto de 2022.
En ese momento el caso Roe contra Wade había sido revocado apenas unos meses antes, y la única clínica de abortos de Dakota del Norte, la Clínica para Mujeres de Red River, había cerrado sus puertas a principios de mes y se había dirigido al otro lado del río Red, a pocos kilómetros al este, a la ciudad vecina de Fargo, Moorhead, en el estado de Minnesota.
Insistían en que los abortos iban a seguir practicándose en una zona que, de otro modo, ahora ya no tendría más de estos lugares.
Pero los católicos de la zona y los defensores de la vida tenían sus propios planes y, aquella noche de verano, se manifestaron para protestar contra la medida.
Organizado por Pro-life Action Ministries (PLAM), con sede en St. Paul, y encabezado por el líder internacional provida David Bereit, el evento contó con la presencia de otro invitado especial que apareció discretamente entre la multitud: un obispo que acababa de ser nombrado para la diócesis.
Esa noche, el obispo Cozzens habló con los ciudadanos preocupados y con la multitud, compartiendo sus reflexiones sobre lo que significarían estas recientes decisiones y medidas. Su regreso a la zona cuatro años después era significativo.
Un giro de 180 grados
El lugar frente a la clínica de abortos, cerca de donde tuvo lugar aquella manifestación en 2022, ahora alberga un centro de ayuda para mujeres embarazadas de Women’s Care. Mientras el obispo Cozzens compartía sus reflexiones, se podía ver el letrero rosa del centro detrás de él, testimonio de que, después de todo, el enemigo aún no ha ganado esta batalla.
Al relatar la historia de esa calle sin salida, el obispo Cozzens dijo: «Realmente he sentido el peso de lo que eso significa; que aquí tenemos un lugar en nuestro propio patio trasero, en nuestra propia casa, donde la muerte se considera una solución».
“Sabemos –continuó- que los únicos que se regocijan en eso son los enemigos de Dios. Y no son las personas que trabajan aquí; ellos no son los enemigos de Dios. Son las fuerzas que los influyen. Ese es nuestro único enemigo”.
Y aunque la campaña 40 Días por la Vida ha terminado por ahora, dijo: «La muerte no desaparece, así que seguimos buscando maneras de dedicarnos a la oración y al sacrificio para estar aquí».
Una historia conmovedora
Minutos antes, el obispo Cozzens había compartido una historia que conmovió visiblemente a los presentes. Se trataba de una mujer embarazada que, a las 20 semanas de gestación, fue hospitalizada cuando rompió aguas prematuramente.
“A la mañana siguiente, el médico entró y dijo: ‘Lamento informarle que el niño en su útero está gravemente malformado y creo que deberíamos inducir el parto’, lo que en ese momento habría sido, en la práctica, un aborto”, compartió.
Pero, siendo católica, la mujer dijo que no le importaba si su bebé tenía malformaciones, porque era un regalo de Dios, explicó el médico. “Usted no lo entiende”, replicó el doctor, mientras el obispo comentaba. “Este niño es un fenómeno”. A lo que la mujer respondió: “Usted no lo entiende. Quiero otro médico”.
A partir de ahí, la pusieron al cuidado de un médico jubilado, un especialista, y le ordenaron reposo absoluto. Pero como el tratamiento del nuevo médico no estaba cubierto por su seguro, sugirió que llegaran a un acuerdo con el primero: si el bebé nacía sano, ese médico tendría que pagar la factura, y si nacía con malformaciones, él se haría cargo de todos los gastos.
El niño nació aproximadamente un mes antes de lo previsto, dijo el obispo Cozzens, y, aparte de algunas alergias, estaba completamente sano. “Vayan a buscar al otro médico para que venga a ver a este pequeño”, dijo el nuevo doctor, admirando al recién nacido.
“Quizás ya se han dado cuenta de que ese bebé era yo”, dijo el obispo Cozzens. “Y esa mujer era mi madre”.
Relató que le habían contado esta historia muchas veces a lo largo de su vida, y debido a eso, y a cómo su vida “casi no llega a suceder”, siempre ha sentido un profundo aprecio por el movimiento provida y su importancia.
El «fenómeno» llegó a ser obispo
De hecho, cuando fue nombrado obispo por primera vez en 2013, un titular de periódico decía: «Un fenómeno se convierte en obispo», y se hizo viral, traducido incluso al italiano como «Il mostro diventa un vescovo«. «Recibí correos electrónicos de todo el mundo cuando me nombraron obispo», recordó.
“Por supuesto lo que esa mujer haría es lo que cualquiera de ustedes haría: simplemente, amar al hijo que Dios nos da. Eso es secundario comparado con la verdad que conocemos: la dignidad de una vida humana”.
“Por eso estamos aquí hoy, orando para que nuestra cultura reconozca la dignidad de la vida humana. Es una dignidad inalienable, decimos, porque proviene de Dios”.
En esta cultura de la muerte, comentó, la muerte se convierte en una solución aceptable a los problemas, pero la muerte nunca es la solución. “La vida siempre es la elección de Dios, y siempre la solución de Dios”.
El obispo Cozzens también mencionó la congruencia entre la campaña «40 Días por la Vida» y los 40 días de Cuaresma que acaban de terminar, y cómo «el sacrificio cuaresmal es una imitación del sacrificio de Jesús y sus 40 días en el desierto, donde salió a luchar contra el diablo».
“Este es el lugar donde sabemos que el enemigo tiene mucho poder en el mundo, y por eso venimos aquí para dar testimonio de Jesús y de su vida, para dar gracias por ello y para continuar esa lucha —que Jesús desea— la lucha contra el mal”.
Tras leer el prólogo del Evangelio de San Juan, ofrecer una bendición y una oración final, los músicos continuaron guiando al público en algunas canciones inspiradoras más, con el pequeño Romeo a la batería, ofreciendo con orgullo sus dones al mundo.

Publicado originalmente en el NationaL Catholic Register. Traducido y adaptado por el equipo de ACI Prensa.
Fuente: www.aciprensa.com






